La ansiedad; definición, sintomatología y vulnerabilidad.

La ansiedad es una respuesta emocional que experimentan todas las personas. Es una respuesta normal y en condiciones normales esta respuesta solo debe darse ante situaciones de peligro, amenaza o preocupación intensa.

El objetivo de la respuesta de ansiedad es movilizar al cuerpo para poder ofrecer una respuesta elaborada de ataque o huida.

Con este objeto nuestro cerebro analiza la información ambiental haciendo siempre,  de forma inicial,  un barrido emocional para acto seguido procesar esta información de modo racional. Este procesamiento emocional primario, en caso de interpretar peligro o amenaza,  desencadena toda una serie de ordenes destinadas a la activación fisica extrema para poder dar esta respuesta de ataque o huida. El problema surge cuando nuestro cortex (procesamiento racional) sigue enviando a nuestras emociones un mensaje confuso, equivocado o inexacto que produce que la activación física vaya en aumento.

Si verdaderamente hay un peligro al que atacar o del que huir esto no va a ser ningún problema dado que necesitaremos que nuestro cuerpo tenga todas sus facultades al máximo pero si lo que nos activa es un examen, coger el metro o hablar con el jefe vamos a pasarlo muy mal.

Veamos lo que pasa cuando nuestro cerebro emocional (Estructuras del sistema límbico) envía esta orden de activación; lo más normal es que se produzcan los siguientes síntomas:

Taquicardia: para huir o atacar necesitamos bombear mas sangre a toda nuestra musculatura con el consiguiente aumento de la presión arterial.

Palpitaciones:  si esta taquicardia se produce con el cuerpo en reposo el resultado será una evidente sensación de latidos en varias partes de cuerpo, pecho, sienes, muñecas, etc...

Opresión en el pecho:  la tensión muscular que se puede traducir en muchas partes del cuerpo va a tener una consecuencia en la musculatura intercostal (entre las costillas del pecho), produciendo dolor que irradía hacia la zona central, plexo solar, externón dando una sensación de dolor precordial (muy parecido al que se produce en la angina de pecho o infarto).

Falta de aire:  precisamente la presión torácica descrita y la pobre oxigenación nos llevan a mantener una respiración muy superficial, poco profunda, de cadencia rápida y que produce esta sensación de falta de aire.

Temblores: la tensión muscular continuada produce temblores distales en las extremidades superiores e inferiores, si quieres tener una evidencia de esto, mantén un peso con el brazo extendido y verás como al cabo de unos minutos tu mano o brazo empieza a temblar.

Hormigueo o agarrotamiento muscular: las diferencias en la tensión muscular producen esta sensación de hormigueo (se duermen partes del cuerpo) o de contracción muy dolorosa, rampa o agarrotamiento en manos o pies.

Mareo, inestabilidad: el mantener un estado de tensión  muscular continuado durante el tiempo en toda la musculatura esqueletica produce sensación de mareo y de inestabilidad;  pruébalo: tensa el cuerpo en general y mantente de pie durante un tiempo, te será facil empezar a notar un desequilibrio al cabo de unos minutos.

Sudoración:  toda esta actividad desencadenada produce un exceso de activación energética que lleva a una sudoración profusa con la finalidad de equilibrar la temperatura del cuerpo.

Nauseas, nudo en el estómago:  para atacar o huir el cuerpo envia la mayor cantidad de sangre a la musculatura por lo que los procesos, digestivos quedan interrumpidos provocando estas sensaciones de dolor, cierre del estómago y en muchas personas necesidad de orinar o defecar, recuerda que para atacar o huir lo ideal es estar lo mas ligero posible, en el medio natural es normal que los animales que tienen que dar esta respuesta de esfuerzo extremo vacíen todo el contenido de su estómago (vómito), bufeta (orina) e intestino (heces).

Alteraciones en la visión y el oido:  la pupila se contrae para mejorar la agudeza visual, esto es interpretado a veces como visión de túnel, con aura o desenfocada. Por su parte el oído se agudiza con el objeto de captar mas señales, esto produce molestia en los ruidos, aumento desagradable de la agudeza auditiva o desorientación en  algunas personas.

Todos estos síntomas son normales si tenemos en cuenta que la persona los sufre en una situación de inactividad y no dando la respuesta de ataque y huida.

La presencia de esta sintomatología desconocida por la persona lleva a un segundo grupo de síntomas en este caso de tipo psicológico que intentan interpretar toda esta activación física.

Esto lleva a realizar un procesamiento catastrófico e irracional de esta sintomatología donde la persona piensa que por ejemplo: Se ahoga, le está dando un infarto, se muere, es el fin, perderá el control, se volverá loco o le dará un "yu yu".

Evidentemente todos estos pensamientos lo único que provocan es que nuestro cuerpo siga enviando cada vez mas una respuesta de activación extrema.

Vemos entonces que la ansiedad supone un problema cuando aparece de forma injustificada, sin razón aparente o ante estímulos o situaciones que no suponen una amenaza real, hasta el punto de interferir en nuestra vida diaria. Hablamos entonces de una ansiedad desadaptativa.

Estas situaciones que son interpretadas como amenazantes, realmente no lo son. Son evaluadas e interpretadas en estos términos porque el sistema se ha acostumbrado a un procesamiento automático y condicionado. La respuesta de ansiedad se produce de forma aprendida como única respuesta posible en nuestro repertorio.

Sabemos que existe una predisposición biológica o factores de vulnerabilidad que hacen que determinadas personas puedan reaccionar con mayor intensidad a estimulos del entorno (exterocepción) o a sensaciones corporales internas (propiocepción).

Entre estas características, destacar un sistema nervioso mas reactivo o una mayor sensibilidad estimular, características ambas que pueden ser extremadamente útiles y funcionales pero que en el caso de la ansiedad aumentan el umbral de sensibilidad y la posibilidad de disparo ansioso.

Antonio Ruiz.

Psicólogo Clínico. Col. 11.064

antonio.ruiz@centrepsicoterapia.com  

 

 

 

 

 

 

Autor: Antonio Ruiz - Fecha: 29/01/2009